Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Esta historia

Esta historia no va de superación. Puede que vaya de miedo. Tampoco está terminada, si lo estuviera no existiría, una no puede volver de la muerte para aporrear las teclas del ordenador, ¿o sí? bueno, por si acaso... 
¿Y qué tengo que decir?, tantas cosas y ninguna. Todo se agolpa. Siempre he querido saber dibujar, así sería tan fácil, ¿por qué no puedo plasmar en un lienzo lo que veo en mi cabeza? Mis manos y mi mente no se comunican como quiero, igual me pasa con la boca cuando intento cantar, nunca sale lo que escucho por dentro, la melodía no fluye, se atasca y se convierte en una aberración para las oídos.
Escribir es diferente, nadie te aguanta supongo, ofreces unas líneas y al primer bostezo pueden dejarlas de lado, olvidarlas y a otra cosa. Ahí quedó lo que nadie cuenta si nadie lo lee. ¿A dónde van todas esas palabras? 
Aquí estamos mi existencia y yo. Divididas, no nos miramos a la cara desde hace tiempo, un viejo matrimonio que ya no tiene nada que decirse. No la reconozco, me creo en un disfraz que he de ponerme a diario. Careta, peluca, maquillaje y al mundo. ¡Y qué mundo! Me siento obligada a querer estar en él, todos quieren, ¿por qué yo no? ¿es que cuando pasó el carro yo estaba distraída con una mariquita? No, con una marquita no, tampoco me hacen tanta gracia, puede que con algún perrillo de mirada dulce. Se fue. Puff. Y volvió a pasar por delante de mí, y yo intenté subirme, y otra vez, y otra. Pero al final siempre me caigo. El carro se sacude y me doy de bruces contra el suelo. No tengo agilidad suficiente para aferrarme a él, ¿cómo se sujetan los demás? 
Entonces me pierdo. Escucho y miro, no entiendo nada. Todos extranjeros de un idioma que jamás conseguí aprender. Veo mi derrota y lloro un poco. 
Esta historia podría ir de traición. Sí, podría ir de traición, ¿hacia quién? Hacia mí, claro, yo soy la víctima de este embrollo, ¿o no? Sí, sí lo soy, los demás que escriban sus propias palabras, aquellas que nadie leerá, ¿a dónde irán, por cierto? También es posible que vaya de perdedores. Looser, que dirían los americanos, un insulto muy feo al parecer, eso lo entendí a la primera. ¿Se puede perder lo que nunca se ha tenido? Pues no sé, pero se puede sentir, estoy segura. Una vale "pa" todo pero no vale "pa na", ¿me siguen? Bueno, es igual. 
Estoy algo dispersa, tengo que pararme a pensar. Cuando paro, el carro se aleja, ya no lo veo, no sé dónde andará y lo mismo ni vuelve. ¿acaso importa? No lo sé, creo que debería importar. Voy a echar de menos a los vástagos que no tendré, los años que no cumpliré. Voy a añorar a los amigos que no conocí y las mascotas que no adoptaré. Me revelé contra la tiranía del mocho y creo que salí vencedora, ahora me mira con recelo desde la cima "Don Limpio", pero de ahí no pasa. Lo mismo da, sólo puede ver el traje que preparé para ella. 
Esta historia podría ir de rabia. Lo es. A saber de dónde salió, a la rabia es fácil buscarle las cosquillas. Un golpe mal curado y ahí está. Brota igual que los níscalos con tres días de lluvia. Luego es fácil cultivarla, se riega con desesperanza y miedo, unas gotas cada día y durará para siempre. Yo soy de buscar recetas, no tengo esa intuición de saber lo que le va bien a las comidas, no me venía de serie. Tengo que buscarlas y pongo mi pelo en modo llamarada cuando leo aquello de "una pizca de esto y un chorrito de lo otro". La rabia se viene cuando salgo de recetas. Algunos días me canso de escuchar. No pasa nada, el autómata continúa la función. Lo importante es hacer que oyes y asentir, ante la duda, siempre sí. 
Esta historia podría ir de sueños, los que nunca se soñaron. Me disculpen, no sabía que tenía derecho a imaginarlos. ¿De dónde sale ese derecho?, ¿quién te lo da?, ¿dónde estaba yo cuando los repartieron? Me debió parecer que me llamaban de algún otro sitio, qué despiste,  siempre estoy a lo que no tengo que estar. Tocaron a mi puerta tarde. A algunos los maté, tan osados y atrevidos, un lastre más que me impedía subirme al carro. Los echo de menos. A veces los busco, nunca los encontré, deben estar con las palabras que imaginé y nadie leyó, ¿a dónde irán? El timbre suena y suena y no hay nadie al otro lado. ¿Por qué no dejan de llamar? ¡Deja de llamar ya! Me faltará el atún con mayonesa, el color azul, la mirada de ojos brillantes, el humo, las risas, las botas de agua y el tacto de terciopelo.  
Esta historia podría ir de fracasos, los que llegan de la mano de un puñal lanzado en la penumbra. Certero, silencioso. Dejé la ventana abierta demasiado tiempo, no reconozco este aire como mi hogar. Las amapolas sucumbieron al peso del viento. ¿Dónde está?, ¿dónde está?, gira y vuelve a echar un ojo, por si se hubiera perdido algo, pero sigo aquí. 
Esta historia podría ir de palabras, ¿quién sabe a dónde irán?

sábado, 3 de septiembre de 2016

Yo te quiero


Esa soga que llevas al cuello, 
no la enrollé yo. Yo te quiero.

La china en tu zapato, que va haciendo herida al caminar,
no la colé yo. Yo te quiero. 

Esas lágrimas, que humedecen tu mirada desde hace tiempo, 
no las provoqué yo. Yo te quiero. 

El mal sueño que persigue tus noches en silencio,
no lo soñé yo. Yo te quiero.

Esa falta de autoestima, tu derrota, tu tristeza y tu locura. 
No las causé yo. Yo te quiero. 

La caída libre que te hará despertar en el abrazo de la muerte, 
no te empujé yo. Yo te quiero.

Esa soledad que grita en tus oídos, pidiendo paso,
no la traje yo. Yo te quiero.

Aquel muro en tu camino, imposible de saltar,
no lo levanté yo. Yo te quiero.

Esa boca enmudecida por el miedo, ¿qué puede decir?,
no la cerré yo. Yo te quiero. 

Este dolor incansable, sombra de tus pensamientos, 
no lo provoqué yo. Yo te quiero. 

Arrástrate hasta aquí, déjame ver tu cuerpo apaleado,
te perdono. Yo te quiero. 

martes, 24 de mayo de 2016

Quiero ser encantadora, ¿por qué no me dejas?

Te lo digo a ti, conocido desconocido, por aquel día que nos encontramos por la calle y en vez de tu "hola" habitual acompañado de un gesto despreocupado de cabeza, me paraste para interesarte por mi soledad y en seguida imaginaste que me había dejado el novio.

A ti, querida compañera de trabajo y vida, por la vez que te enterase de que mi pareja es militar y la pregunta más ingeniosa que se te vino a la mente, fue que si no me daba miedo que una noche me pegara un tiro mientras dormía plácidamente a su lado.

A usted, señor frutero, por la última compra que le hice, cuando me dijo con aquella sonrisa serena y despreocupada que cogiera el ticket, vaya a ser que mi marido me lo pidiera al llegar a casa y tuviéramos un lío.

A ti, señora que tengo el disgusto de conocer, por llamar chucho a mi perra mientras cogías horrorizada a tu querido perro de mil quinientos euros en brazos al ver que se arrimaban el uno al otro. A ti tengo que decirte algo especialmente duro : todos los perros tienen culo y a todos se lo huelen.

A ti, querida amiga y madre incansable, por la de veces que me has preguntado cuándo pienso ponerme a tener hijos, que se me va a pasar ese arroz del que todo el mundo habla pero nunca he tenido el gusto de catar.

A vosotras, compañeras de prácticas, que me mirábais sorprendidas cuando teníamos una hora libre y yo leía en google  sobre asesinos en serie, mientras las demás alucinábais con zapatos imposibles de calzar.

A todo aquel, en fin, que vive de la prudencia ajena, solo deciros, que en mi caso no venía de serie.



miércoles, 26 de agosto de 2015

Lo más visto

¿A dónde van las almas olvidadas que cometieron un error fatal?, ¿dónde está el juez universal de espada con funda de terciopelo?, ¿quién devuelve la mirada a los ojos perdidos en una existencia irracional? , ¿es posible justificar una venganza henchida de buenos motivos y malos modos?
Convertir vulgaridad en noticia y lanzarse al precipicio del “trending topic” puede salir realmente caro. Fama efímera y absurda que deja mal sabor de boca.

Todos los días leo lo que nunca he querido leer.

jueves, 23 de abril de 2015

Malas pulgas

Ayer la lié. No me pareció para tanto, protegía lo que era mío, claro que los demás no lo vieron así. Si pudiera explicarlo me entenderían. Me han castigado a cadena perpetua, no sé cuánto va a durar esto, me da que mucho, esos gritos no van a olvidarse fácilmente. Qué exagerados, se ponen de los nervios por cualquier cosa. Si supieran resolver sus problemas como lo hago yo, no se andarían con tantas chorradas.  El ciclista venga a gritar, que le doy mucho miedo, como si alguna vez me hubiese comido a alguien. Anda que no los hay mucho peores que yo, que van por ahí destrozando tobillos, a mí me castigan por hablar. Sí, hablé mucho y muy alto, y sí,  quizá corriera un poquito de más a su alrededor, pero se cayó él solo, yo ni le toqué. Le podía haber pasado igual sin mi presencia, ¿y qué se hizo?, unos rasguños de nada. Desde luego en la boca no sufrió daño alguno, a mi patrón le quedó claro. Pobre, ahora me da un poco de pena.

¡Un pájaro! A ver si cae… 


lunes, 20 de abril de 2015

TAMSAIS

El camisón de lino blanco estaba muy arrugado, no parecía incomodar a nadie. Desde que llegara, sólo veía semblantes inexpresivos cuyos cuerpos iban ataviados con camisones tan arrugados como el suyo. Daba igual el aspecto y no dejaba de repetirse que tenía que parecerse a los demás. Recordó el folleto que había encontrado, “TAMSAIS, elevamos sueños”. Sintió de nuevo el miedo. Su hija lo había creído y ella, con las fuerzas flaqueando, también empezaba a creérselo. Tenía que encontrarla antes de que las arrugas dejaran de ser importantes. 

jueves, 16 de abril de 2015

La imagen

No la encontraba por ninguna parte. El miedo empezó a apoderarse de ella de una forma tan absurda que no podía creerlo. Solo era una fotografía, ayudan al recuerdo, pero no hacen que se desvanezca, ¿o sí? Ahora no estaba segura. Se sentía como si hubiera vuelto a perderle a él y no su imagen impresa en un viejo papel desgastado. ¿Cuántas veces se desvaneció a lo largo de su vida?, con aquella foto lo encontró de nuevo. Apareció sin más, una noche de lluvia que volvió a casa temprano por la escasez de clientela, cuando se sustentaba con el alquiler de besos baratos.

Miró a su alrededor y contempló el pequeño cuarto, todo estaba patas arriba, ni rastro de la foto. Se sintió hundida, no podía continuar su camino sin él vigilando cada paso que daba. Aquella fotografía había supuesto el cambio de rumbo. Su padre tenía que sentirse orgulloso de ella observándola desde la estantería. Lo había olvidado antes, ¿y si volvía a pasar? Se acurrucó en una esquina de la habitación, cerró los ojos e intentó evocar su imagen, susurrando le imploró, “por favor, no te vayas otra vez”.